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UN AMARGOR VERDE Y LUMINOSO
Anillo invisible en la espesura,
Acrílica caverna de mis ansias,
Subterráneo camino de la luz.
Una oleada enceguecida de estertores,
Una sola sinrazón a mis razones,
Un ligero aletazo en mi costado
Al sentir que te inoculo el calor enfebrecido,
Y la plúmbea fuerza del reptil pavoroso, que seduce
Tu aniquilado tesoro entre penumbras.
Un amargor verde y luminoso,
Un quejido voraz y libertino
Recorriendo tu interior acrisolado.
Anillo invisible en la espesura,
Acrílica caverna de mis ansias,
Subterráneo camino de la luz.
En zigzagueante remolino de mis olas,
Entre racimos de lotos en conjura
Esparzo por la ocre cavidad,
Luciferina y tierna
Mi brutal e irisada esencia,
Amarga savia que tú interior acoge,
Presa de incontables llamaradas,
Iracunda y sumisa en el deseo.
CAN
Acompaña las mañanas,
Los siniestros silencios en penumbra,
Grita como Arúspice aullidos de desprecio
Cual misógino cancerbero de mi infancia.
Criatura inmóvil
Rociada del estiércol de la vida,
Rememora las punzadas
Del angosto costado de la espina
E inerte regresa en mi regazo
Al incorpóreo recuerdo de la Encina.
PRIAPICA
Recorro tu ovalo perfecto
Con la calida tersura
De mi glande,
Y afloras un débil
Gemido de gozo
Iluminando mi lascivo ser.
En los espejos franqueables
De la esfinge
Deposito mi primera savia
Seguida del agónico suspiro.
El pudor ansia atraparme
Intenta asirme la cordura,
Mas
De las purpúreas valvas
Prisionero soy.
Sintiéndome sofocado
Emprendo la anadeada
Danza del efebo,
Hacia la dorada cúpula
De tus inquietas sierpes.
Es aquí donde mi faz refulge,
Cuando mis ríos se colman
Y preludio la catártica muerte.
ANTINOO
Irreverente cabeza,
Cúpula que hace desangrar
Las neuronas por su salomónica columna,
Agrietada aquí y allá
Bajo la tormenta de iras, mentiras
Y sospechas Meditabunda.
Imberbe torso desnudo,
Soñador de imperiales caricias.
Rapsodia de hombre común.
Bajo lar de mi existencia,
Templo de la diosa
Sangre y espuma.
Monte sicalíptico de incienso bitinio,
Desmelenada raíz de mis instintos,
Prístina sabana, lugar común,
Colosal monumento de mis entrañas.
Distante efebo plúmbeo
Dios aguerrido de mis instintos,
Invoco tu sexo
Esbelto
Majestuoso,
En medio del recuerdo.
LAS PEZUÑAS DEL DESEO
Desde tu ombligo te atraeré
Luciérnaga de oblicuas alas,
Y en un lunar me sentare
A obsecrar tu cuerpo imaginario.
De tus dos pezones
(Que con loco frenesí devoro)
Solo en uno hundiré con saña
La pezuña de mi cruel deseo.
Golpeare con placer y con vehemencia
Golpeare con violencia y con demora
Tus nalgas de resignado efebo.
Cruzare una y otra vez la antesala del anillo
Acompañado de mi ingente y vigoroso falo,
Descubriendo la sepia caverna de tu entraña.
(S/T)
Te he comido impertinente axila,
Labio superior que aflora nítido,
Amoroso miembro que dibuja mi mente Incólume,
Hoy te he devorado con ansias reprimidas
Hoy he querido verte,
Hoy, no me has dejado,
Aun así te aprisiono y quedas como no eres,
Verdadero.
Hoy te he comido un miembro, el único,
Decir descriptible es profanar,
Es acabarme,
Es no creer que lo hice.
Hoy que estoy déjame escribir
Porque sin ganas de arrullar quejidos sigo en la puerta,
La puerta que sin ganas mutuas se ha cerrado.
ESTILETE
Estilete en desafio
En cornucopia estridente
Resurge imaginario
De mi lecho hasta la muerte.
Ambarino coloreo La calida superficie
Y hecho a andar,
Inundar,
En torrentes de deseo.
Vibrante cingaro inberbe.
De estertores truncados
Y estilete en desafio,
Siente mi aliento tu aliento
Y presiente tu aliento, el aliento
De esta ocre cavidad.
Sirvo en cornucopia estridente
Fluidos antaño viscosos,
Y como absorbente amador
Haces tañer de alegria
Las esferas cuneiformes.
Rara avis de la mente,
Desbordada la apetencia,
Encaja el estilete
En la opaca carne roja.
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(S/T)
En la sala de conciertos solo uno merece su calzadera, solo este vejestorio que inunda un pestilente rugido de sales, que a destiempo penetran hasta lo más desconocido de nuestros demacrados interiores.
No era así su apariencia cuando neutralizaba respiración, cuando aceleraba mecanismos, cuando entraba en escena y pirueteaba sin ser alcanzado alguna vez por sobre las clásicas tablas.
Ahora tendría la oportunidad de desligar sus inquietantes prensas, pero apenas puede.
Solo algunos toques se atreve a dar.
Y con una de esas poses ha quedado como bosquejo no inerte en mi propia limitada mente, esa tercera pierna que vibra al son de la música me ha hecho abrir la horizontal abertura, no por ironía mal gastada, solo de goce. Al final la concurrida sala vaciase y queda el, añejado, contando e inventariando sus aplausos.
CAMAGUEY
Pequeña e intransitable.
Esta ciudad
Que se goza en bañar sus pálidas calles de madrugada,
Obstinada en consumirse
Como el cigarrillo que absorbe
Su veneno en propia faringe,
Y en sus alfombras de dura piedra
Reposan las pisadas en punteo
De trasnochados inconformes,
Ladrones de caricias,
Esos caídos Ángeles
Sin una causa para su rebeldía
Que al menos
Sea tomada en cuenta.
En la mañana será otra atmósfera,
Algo gris
Y de nuevo la noche,
Entonces, tal vez caiga otra lluvia,
Otras personas caminen
Y ella me reconozca.
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